Hace ya más de un mes que hablé de este tema y dije que iría haciendo pequeños ‘fascículos’ sobre el mismo pero por varias razones lo he ido dejando hasta ahora. Así que voy a seguir a partir de donde me quedé:
Para repasar, tendrás que retroceder en el tiempo dándole a ESTE BOTÓN.
Me quedé en los 6 puntos que propone la Declaración de Bolonia y dije que seguiría hablando de ellos y de lo que afecta más directamente al estudiantado y profesorado. La declaración de Bolonia no dice mucho más que aquello, añade temas de cooperación, paz y armonía, y las bragas de Patrícia, pero nada más.
Para poder crear este área (de educación superior) se necesitan algunos cambios, porque como debéis imaginar, las titulaciones o carreras de los diferentes países europeos no son/eran equiparables entre sí, hace falta crear un sistema de créditos comparable (créditos europeos o ECTS) que además facilite la movilidad de los estudiantes. Porque por otro lado también es necesario que el conocimiento se mueva, que circule, de ahí el impulso de los intercambios entre universidades (ej.: becas ERASMUS), tanto de estudiantes como de profesores (y para eso es necesario poder convalidar los créditos. Por hacer una comparación, sería como la unificación de la moneda -el euro- pero en créditos educativos).
También tienen que cambiar las estructuras de las titulaciones (los años que duran las carreras, lo que se enseña en ellas y en qué momento se enseña), porque cada país tenía su sistema, más adelante explicaré la actual “propuesta”.
2. Y ¿Eso de que no podremos estudiar y trabajar? ¿de dónde sale?
¿Y si os digo que sale de los propios estudiantes? ¿Y si planteo que ‘hemos’ sido ‘nosotros mismos’ los que hemos llegado a esta situación?
Todos estos cambios que he comentado hacen que en el campo de la Educación Superior haya un gran movimiento y un gran replanteamiento de TODO, porque hacía muchos años que no había reformas universitarias de este calibre así que los profesores han aprovechado para replantearse el sistema de enseñanza y aprendizaje que se daba en ésta.
Claro que ha habido cambios a pequeña escala y de forma autónoma dentro de las mismas facultades pero no había una organización “superior” que dirigiera estos cambios ni que los legitimara, han sido pequeñas innovaciones y cambios que incluso se podrían decir voluntarios, casi siempre en manos de los profesionales más noveles. Además existe lo que se llama la libertad de cátedra cosa que, aún con el proceso de Bolonia, supone alguna que otra dificultad para cualquier cambio.
Entre ese todo se encuentran las metodologías y los sistemas de evaluación, que van de la mano. Pero no es tanto el cambio de las metodologías y actividades (que ya hace añísimos se han ido dando, no a raíz de este proceso) lo que ha supuesto tanto revuelo sinó la obligación de que los alumnos tengan hacerlas y de que todas y cada una sean evaluadas para que cuenten en la nota final.
Bajo mi opinión hay diversos detonantes o posibles justificaciones.
Los profesionales de la educación. Desde Sócrates hasta hoy se ha ido experimentando esto de la educación y se sabe que una persona como mejor aprende algo es viviéndola en sus propias carnes. Eso defiende la existencia de los ejercicios prácticos (en todas sus variantes). Por eso mismo se han ido diversificando los métodos de enseñanza. Con los años han ido apareciendo nuevas líneas de investigación que trasladaban el sujeto del hecho educativo: del profesor, al alumno. De la enseñanza, al aprendizaje. O sea, que el centro del aprendizaje no es el profe sino el alumno, que es el que tiene que aprender. Y el profesor va adoptando más una figura de acompañante del aprendizaje, un guía que sabe crear el entorno que uno necesita para hacer su propio camino.
Por otro lado, los mismos estudiantes. Aquí es donde entramos ‘nosotros’. A lo largo de mi carrera pocas veces no salía el debate de la ponderación de la nota. La mayoría de mis compañeros expresaban indignación por las horas trabajadas y lo poco que contaban y, que encima, sólo se nos evaluara con un examen final (o que la mayoría de la nota estuviera en el examen) teniendo en cuenta que un día malo lo puede tener cualquiera y que en un examen final no se evalúan todas tus capacidades. Y es que ¿A quién no le repatea el estómago que después de haber hecho prácticas en pareja, haber visto una película y comentarla, comentar noticias en clase, y un trabajo final con exposición le cuente el 80% el examen final? Estoy completamente segura de que todos los estudiantes al principio de curso, si pueden, piden a su profesor que les quite el examen final y les evalúe mediante todas las actividades que hacen a lo largo del curso.
Entonces es cuando aparece en escena La Evaluación Contínua. Un tipo de evaluación tan buena para unas cosas y tan mala para otras. La eterna incomprendida, tanto por unos como por otros. La reina de las evaluaciones. Me encanta.
Yo creo que la evaluación continua, bien llevada, es perfecta. Responde a todas las necesidades, la detección de necesidades, el seguimiento de los logros y la evaluación de resultados. Salvo que tiene un handicap: Necesita un seguimiento exhaustivo por la parte del profesor y por la parte del alumno. Y esto, en nuestro país, es harto difícil debido básicamente a un sistema poco generoso en ayudas para los estudiantes.
Sé que con estos últimos párrafos me he ganado la antipatía de muchas personas que intentan compaginar trabajo y unos estudios universitarios pero tengo que decir que eso no es, ni mucho menos, consecuencia del proceso de Bolonia… eso viene de más lejos. Eso pasa por replantearse qué queremos de las universidades y cuánto queremos mimar a los estudiantes de un país que serán mano de obra un futuro no muy lejano.
Lo que yo no estoy dispuesta a aceptar es un sistema educativo universitario que permita que alguien pase una carrera tocando la guitarra en el césped o jugando cartas al bar y aprobando los exámenes de Septiembre.
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Evidentemente para una mejor evaluación del progreso del estudiante, el seguimiento continuo es un avance. Pero introducir esto en la universidad puede ser un caos!!
No me extraña que se haya armado tanto revuelo con esta reforma …
Me encanta como lo explicas.
Aún habrá más capítulos no??
Un saludo, ya que es la primera vez que entro.
Como profesor, el tema de la evaluación siempre me ha interesado mucho. En la programación docente de mi asignatura tengo puesta la evaluación continua como integrante de la calificación final (asistencia, participación en clase, actitud, en fin esas cosas), pero no siempre es fácil de llevar a cabo. Sobre todo cuando tienes que suspender a alguien y le dices que no ha trabajado lo suficiente a lo largo del curso, el alumno se queda indefenso porque entonces lo que quiere es que haya un examen que demuestre que sabe lo suficiente para aprobar. Siempre hay un conflicto porque la evaluación continua para ser justa necesita de una cultura del trabajo y del esfuerzo que no es normal en la universidad (y no estoy echándole la culpa a nadie, es lo que hay).
Perdón por el ladrillo, es que el tema me interesa mucho.
La verdad es que Bolonia necesitaría, por lo menos, un blog completo para que nos enterásemos de algo. Lo último que ha llegado a mis oídos es el cambio en los horarios tradicionales de examinarse. Por ejemplo, desaparece la convocatoria de septiembre.
Tengo una amiga que estudia en el CEU (por lo visto en esa universidad ya llevan aplicando buena parte del plan desde hace un año) y está amargadísima puesto que termina los exámenes a finales de junio y la recuperación ha de hacerse en julio. Algo absurdo porque casi no da tiempo a estudiar. Si suspendiste 4 asignaturas ya te puedes dar por muerto. Además, con tan poco tiempo a uno no le da tiempo a recuperse del cansacio mental de los exámenes de junio…
No sé, cada uno cuenta una historia diferente de Bolonia… a saber quién dice la verdad.
Saludos,
Ana
Lucía me alegro de que te guste
. Lo que dices de que puede ser un caos es, básicamente, por lo que uno está acostumbrado a oír de la universidad. Yo creo que hace un buen puñado de años, cuando solo iban a la univesidad aquellas personas que se lo podían permitir era mucho más fiable la evaluación, aunque no fuera contínua… pero (supongo que exceptuando algunos casos) se estudiaba más a conciencia aunque se pudiera faltar a clase. Hoy en día se puede acceder más fácilmente a la universidad y, por lo tanto, hay muchos más casos en los que se intenta superar una carrera bajo la ley del mínimo esfuerzo… Por eso es un caos, hay más gente y porque no hay conciencia de evaluación… parece que no se comprenda que se tienen que probar nuestras capacidades.
salvaguirado bienvenido y gracias por tu comentario
Tienes parte de razón en lo que dices. Me alegro porque apuestes por una evaluación contínua. Por un lado lo del alumno que suspende: a ver… lo que debe permitir esta evaluación contínua es darte evidencias suficientes de que una persona puede ser capaz de salir adelante en el mercado laboral con los recursos que ha ido adquiriendo, si no se le ve capaz, ya puede llorar… que no lo ha superado.
Luego otra cosa, el examen final es una parte de la evaluación continua, y si lo supera solo supera una parte… pero si todo lo demás no lo ha superado, ¿qué le vamos a hacer?
Por otro lado también se puede ser flexible y si se cree que la persona merece, por su actitud o lo que fuera, tener una alternativa, se le puede ofrecer… yo he tenido profesores que me han dado una segunda oportunidad entregando de nuevo un trabajo corregido después de haberme comentado los fallos…
Hola Ana bienvenida tú también y gracias por comentar
. Lo de la convocatoria de septiembre, no estoy segura, pero diría que es una decisión opcional para cada universidad, inlcuso, para cada facultad. No hay ninguna normativa que obligue a eliminarla. Pero por una cuestión de lógica los docentes creen conveniente quitarla. Todo tiene que ver de nuevo con la evaluación contínua. Una convocatoria de septiembre en la que se suele usar una prueba individual (de preguntas abiertas o tipo test… ) y que, en muchas ocasiones, suele ser más fácil que la de Junio carece de sentido si no se ha superado todo el trabajo hecho durante un curso entero.
¿No sería negligente? El típico ejemplo del quirófano: ¿Estarías dispuesta a aceptar que te operara un señor que no aprobó las prácticas o que las superó con aprobados pero el examen final lo cateó y luego lo aprobó en septiembre?
Buf… qué chungo…
Me encanta que dejéis vuestros comentarios porque así me entero de cómo se va viendo el proceso. Yo lo vivo desde un punto de vista bastante interno… trabajo en ello… pero también lo he vivido en los últimos años de carrera. Aún así creo que hay mucho que decir sobre el tema…
Bueno que gracias y bienvenidoooos!
Aunque haya cambiado el nick soy el mismo de antes, se puede ver por el careto de la foto
De acuerdo con lo que dices sobre la evaluación continua, yo la prefiero, eso está claro. Pero las cosas en la práctica suelen ser un poco más complicadas.
Yo he escrito hace poco que quiero ser justo a la hora de evaluar y que no me muero por ser objetivo, pero eso es algo que no comparte todo el mundo.
Por ponerte un ejemplo que tú has citado. Ese profesor que te dio la segunda oportunidad y que te hizo ver los fallos, lo hizo contigo por alguna razón. ¿Lo haría con todo el mundo, si tuviera 50 o 100 o 200 alumnos? ¿Damos la oportunidad de mejorar su evaluación en función del trabajo que haya realizado durante el curso, sólo a los que hayan suspendido o también a los que teniendo un 6 puedan llegar al 7, o a los de notable para que puedan obtener el sobresaliente?
Claro que hay que ser flexible, pero en el día a día no es fácil y por lo general se ve muy mal por parte de aquellos alumnos que no son agraciados con la flexibilidad. Seguro que sabes de muchos casos.
Sin embargo, yo lo prefiero así.
Salva has sacado un tema muy importante que es el de la masificación en las aulas. La verdad es que el profesor que me dio esa oportunidad fue uno de los que tenía en el turno de tarde, en una clase en la que no llegaríamos a 20 alumnos.
En el turno de mañana solíamos ser muchos más… y sobretodo en el primer curso que recuerdo que seríamos unos 80 (que asistíamos) más los que no asistían pero sí estaban matriculados.
Esta es otra cuestión de la política educativa… y que frena a cualquier profesor motivado para hacer cualquier cosa porque… simplemente, no da abasto.
Es que eso es fundamental. Y se quiere hacer la reforma a coste cero…
Yo empecé hace unos quince años a dar una asígnatura optativa que entonces tenía 11 alumnos matriculados. Imagínate si hacía evaluación continua. De hecho no hacía ni examen final. Poco a poco fue creciendo el número de alumnos (igual tuvo algo que ver en un principio eso de que no había examen), y empecé a morir de éxito. Hace unos años llegué a tener 160 alumnos en esa asignatura, que es anual y de doce créditos, pero yo seguía siendo el único profesor de teoría para todos los alumnos. Aunque años antes, había empezado a tener iniciativas usando internet para comunicarme con los alumnos (je, je. fui un adelantado), tuve que dejar de hacerlo. Es imposible. Porque además yo investigo y dirijo un grupo de investigación. ¿De dónde sacar tiempo? Eso no es calidad, ¿verdad? Pues todo sigue planteándose a coste cero.
Hola Sandra.
Copio lo que has escrito, vale?
Yo creo que la evaluación continua, bien llevada, es perfecta. Responde a todas las necesidades, la detección de necesidades, el seguimiento de los logros y la evaluación de resultados. Salvo que tiene un handicap: Necesita un seguimiento exhaustivo por la parte del profesor y por la parte del alumno. Y esto, en nuestro país, es harto difícil debido básicamente a un sistema poco generoso en ayudas para los estudiantes.
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Esto mismo se pudo conseguir durante un espacio corto de tiempo en unas aulas en donde yo vivo, solo que el desapego de unos cuantos alumnos que sí querian estudiar y estar “sometidos” voluntariamente por un seguimiento exhaustivo por las dos partes, hizo que el resto de alumnos se dieran cuenta que aquella gesta iba a favorecer al grupo en cuestión ( sólo entonces se dieron cuenta) cuando les dieron libertad para elegir.
Los profesores sólo querían ayudar a todos esos alumnos que tenían “madera” de estudiante y que “Todos” tuviesen las “mismas” oportunidades, me explico; Los que no querían estudiar…pues…tenían la oportunidad de hacerlo, los que sí querían estudiar…tenían también la misma oportunidad formando aquel grupo “sometido”, ahora que me acuerdo aquella aula la llamábamos “Laboratorio”.
No se pudo seguir con este método, ya que los costes (supongo que fueron los motivos), provocó dejar aquel experimento, por llamarlo de alguna manea.
No sé si mi com. tiene algo que ver con este gran post, yo creo que sí, si estoy en lo incierto perdoname.
Un abrazo.
Con todo lo que comentas Salva me gustaría remarcar que evidentemente los estudiantes no son los únicos repercutidos en todo este proceso. Los profesores también recibís lo vuestro y… de qué manera.
Tere, ya te echaba de menos jejeje. Pues ahora no recuerdo a qué comentario te refieres pero este tema ya llevaba meses fraguándose así que no te preocupes ^^. Y si alguna vez hiciera alguna entrada por algun comentario que hubieras hecho, tendrías que alegrarte. De eso se trata ¿no?
gracias a todos y todas