Nada de lo que vaya a decir aquí será nuevo. Además pecaré de idealista. Pero los idealistas estamos para que, pensando en lo imposible, se pueda conseguir mejorar en algo.
Hace una semana me apunté a la autoescuela, pero ya hace muchos años que pienso en este tema: la educación vial es insuficiente. Vaya, que no hay educación, hay “entrenamiento para aprobar”. Sé que esta reflexión no es novedosa y que muchos y muchas lo sabéis y lo asumís. Pero a mi ME JODE.
Más que nada porque se ahorrarían mucho en campañas de concienciación por TV, radio, por escuelas si realmente la educación vial fuera seria y orientada a aprender a conducir no a aprobar unos test en 3 semanas intensivas y luego con 20 prácticas en las que no aprendes la mitad de cosas que se deberían saber y que te clavan la de Diós (no sé a qué viene la expesión… pero ahí queda).
Con lo que pagamos podrían currarse unas sesiones teórico-prácticas combinando la transmisión de conocimientos y su aplicación a partir de simuladores, para no tener que suponer un peligro para la sociedad en nuestros primeros días de prácticas. Además, los simuladores permitirían practicar en múltiples situaciones en las que, por casualidades de la vida, alomejor no te encuentras cuando te tocan las prácticas: sobre hielo, asfalto mojado, barro, con niebla, de día, de noche, al atardecer; frenazos, reventones, esquivar un capullo inconsciente…
Además… podrían enseñar todas aquellas cosas de las que solo nos acordamos cuando nos pasa: qué hacer cuando tenemos un reventón, cómo cambiar una rueda, y más cosas de mecánica que ahora no sé decir porque aún no he llegado al tema y soltaría barbaridades.
Pero bueno, ahí queda mi trozo de castillo en el cielo. Soñar es gratis, por lo menos todavía.